DEPORTE

Hace 52 años: Tragedia aérea del Mar Caribe. Mueren Teo Cruz y equipo voleibol de Puerto Rico

Por Rafael Baldayac

(Especial para Cartel Deportivo).

La esperanza de gloria de un connotado grupo de deportistas puertorriqueños y dominicanos quedó ahogada en las aguas del Mar Caribe hace 52 años.

En la Tragedia del Mar Caribe, perdieron la vida jóvenes atletas y alto dirigentes deportivos puertorriqueños y dominicanos en pleno apogeo de su carrera.

Las doce jugadoras integrantes del equipo nacional de voleibol femenino de Puerto Rico, además de dos entrenadores y otros 12 acompañantes que viajaban en el avión perecieron en este fatal accidente aéreo del domingo 15 de febrero de 1970.

Ciento siete personas en total murieron en el fatídico accidente, incluyendo al primer campeón mundial de boxeo de la Republica Dominicana, Carlos–Teo –Cruz, su esposa, la boricua Mildred Ortiz y sus dos hijos Carlos y Herminia Cruz.

El equipo olímpico de voleibol de Puerto Rico  quedó diezmado por este trágico accidente de aviación, luego de que sus integrantes habían celebrado una serie de fogueo con su similar de Republica Dominicana en el fin de semana.

La tragedia se produjo al caer al mar Caribe el avión DC-9 que se dirigía de Santo Domingo a Puerto Rico, terminando para siempre con las ilusiones de las jóvenes que conformaban la selección olímpica de voleibol femenina puertorriqueña.

Murieron las 107 personas, 26 de ellas miembros de la delegación deportiva, 12 jugadoras, dos técnicos, doce acompañantes (familiares y fanáticos) de las voleibolistas que ganaron ese fin de semana un intercambio amistoso a las quisqueyanas.

Se pudo observar que la aeronave accidentada, un DC-9 de Dominicana de Aviación,  cayó al mar pocos minutos de despegar del aeropuerto internacional de Las Américas, muriendo todos los ocupantes de la nave.

La República Dominicana se cubrió de luto porque entre las víctimas se encontraba el primer campeón mundial de boxeo que tuvo este país, el carismático pugilista Carlos –Teo– Cruz, quien pereció junto a su familia,  su esposa boricua Mildred Ortiz y sus dos hijos, Carlitos y Herminia.

El dominicano Teo Cruz se adueñó del cinturón mundial del peso ligero la noche del 29 de junio de 1968 al vencer en sangriento combate al boricua Carlos Ortiz en pleito mundialista celebrado en el Estadio Quisqueya de la capital.

Cruz fue el hombre que le dio a la patria le primera corona mundial apenas hizo dos defensa del cetro de las 135 libras y en la segunda perdió ante el californiano Mando Ramos.

Entre las víctimas del accidente de Dominicana de Aviación también se encontraban la esposa y dos hijos del ex -monarca mundial de boxeo, así como los deportistas Cohen Peynado y Leslie Imbert Tesón.

Además falleció el destacado dirigente deportivo puertorriqueño Juan Ramón Lubriel junto con todas las grandes figuras del voleibol de la vecina isla, con excepción de Carmen Rosa Sabater, no hizo el fatídico viaje.

El dolor y el luto afecto a cientos de dominicanos y puertorriqueños, incluyendo la esposa del general Imbert Barreras, que se dirigían a Puerto Rico en este fatídico vuelo.

Teo vino al país dos días antes a cumplir con una de sus hermanas que contraía nupcias y se marcha de regreso a su hogar en Puerto Rico para firmar esa semana un contrato  para una pelea que sostendría en Australia.

Y luego de ese compromiso viajaría a Panamá para darle apoyo a su hermano Leo Cruz, quien representaría a la Republica Dominicana en los Oncenos Juegos Centroamericanos y del Caribe en al país istmeño.

53 puertorriqueños y 44 dominicanos figuraban en la nómina de pasajeros fallecidos en el  desastre aéreo, ocurrido al caer la tarde del domingo 15 de febrero de 1970. El avión de la compañía Dominicana de Aviación (CDA) se precipitó al mar a sólo tres millas náuticas de la costa, frente a Cabo Caicedo, después de despegar del aeropuerto internacional de Las Américas.

Un informe de las autoridades de aeronáutica de República Dominicana confirmó la caída del jet a las 6:15 de la tarde. El aparato, que había sido comprado recientemente por la CDA a la Douglas, se precipitó al fondo del mar por inesperadas fallas en los motores.

“Nos vemos en Panamá dentro de diez días”, fueron las últimas palabras de las integrantes del equipo olímpico de voleibol femenino de Puerto Rico al despedirse de sus colegas dominicanas antes de las seis de la tarde en la terminal aérea.

Minutos antes de abordar el DC-9 de las voleibolistas puertorriqueñas con rostros llenos de alegría juvenil, bailaban merengue en los salones de espera del aeropuerto.

Ellas todavía celebraban la victoria lograda el día anterior sobre las dominicanas en la cancha del auditorio Eugenio María de Hostos.

La serie internacional formaba parte de su preparación para los Juegos Centroamericanos y del Caribe programado para comenzar en dos semanas (28 de febrero de 1970) en Ciudad de Panamá.

Un día antes de la tragedia, las visitantes habían derramado lágrimas de alegría para luego convertirlas en terribles alaridos de dolor y tristeza. Ironía del destino.

Sólo tres personas de la delegación que llegó el jueves 12 de febrero a Santo Domingo para la serie de tres partidos no abordaron el avión esa fatídica tarde dominical, ya que habían viajado antes.

Estos fueron el presidente de la Federación Puertorriqueña de Voleibol, ingeniero José Nicolás Palmer, y la capitana de la selección olímpica Carmen Rosa Sabater, quienes viajaron el sábado 14 por la tarde a Puerto Rico.

Ellos regresaron a su terruño un día antes por la aerolínea Caribair, para asistir a la Cena Olímpica, donde la estelar Carmen Rosa Sabater recibió el galardón de mejor voleibolista del año 1969 en Puerto Rico.

Otro que escapó de la muerte fue el padre de la jugadora Belinda Correa, quien viajó unas horas antes en vuelo de Aerovías Quisqueyanas para recibir a su hija en el aeropuerto de San Juan, Puerto Rico.

Las muchachas de la selección de voleibol superior boricua que perdieron la vida en el fatal accidente, todas con edades entre 15 y 18 años, fueron las hermanas Rosita y Maritza Bernal, Judith Peña, Nayda Cardona, Tenchi Otero, Catalina Rodríguez, Iris Rodríguez, Zoraida Figueres, Rosa Rivera, Dolores Villegas, Carmen Lourdes Sánchez y Belinda Correa.

Perecieron el entrenador de la selección, el profesor Juan Ramón Loubriel, y su asistente Víctor Rivera, así como el apoderado del equipo Fernando Jiménez y el coordinador de viaje José Bosch.

Escenas desgarrantes y conmovedoras se presentaron al conocerse la noticia de la muerte del grupo de familias que acompañaban al equipo.

Entre las víctimas figuraban la anotadora Carmen Rodríguez (hermana de Catalina), las chaperonas Virginia Vera de Bernal (madre de Rosita y Maritza) y Luz de Sánchez (madre de Carmen), Germán Otero (padre de Tenchi) y su otro hijo Germán Otero Jr., de 11 años.

Además los esposos Víctor y Mercedes Rivera (padres de Rosa y del técnico asistente Víctor). También el profesor de la Universidad de Río Piedras José Carlos Oriol, su esposa Luisa y su hijo Oriol Carrión, quienes eran fieles seguidores del voleibol y acompañaban siempre al equipo en sus giras.

LAS RESEÑAS PERIODISTICAS

Una  crónica del periódico vespertino El Nacional del día siguiente narró la siguiente: Una parte de los cadáveres rescatados del mar Caribe fueron trasladados a la morgue del Instituto de Anatomía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Estos fueron  “colocados en baños especiales con una formula a base de formol concentrado”, con el fin de conservarlos para su debida identificación de parte de las autoridades y de sus familiares; operación muy difícil debido a la deplorable situación en que se encontraron los cuerpos.

Entre los accidentados se encontraban integrantes del equipo de volibol de Puerto Rico y “la esposa, un hijo y la suegra de un ejecutivo de la Casa Bermúdez, de Santiago”.

La situación de salvamento de los restos se dificultó por la profundidad de las aguas, unos 900 metros y la presencia de tiburones que hicieron casi imposible el trabajo de los submarinistas.

La prensa trajo la información de que, por la forma que presentaban algunos recipientes de metal encontrados en el área del siniestro, todo parecía indicar que el accidente había sido producido por una explosión, ya que estos se encontraban “comprimidos y aplastados”.

Al momento del lamentable accidente, la Aerolínea Dominicana de Aviación estaba administrada por Hans Paul Wiesse Delgado, quien mostró interés en que apareciera la caja grabadora del aparato.

Este declaró a la prensa “que la misma constituye una especie de computadora donde quedan grabados todos los datos que sobre el grado de inclinación, altura, velocidad y temperatura hicieron los comandantes del avión antes de estrellarse sobre el mar Caribe”.

Para investigar la verdad de lo acontecido, fueron traídos al país Mike Becket, de la empresa fabricante del avión y Doña Goodrige, ingeniera de la empresa fabricante de las turbinas del DC-9, ambos de nacionalidad norteamericana.

En aquellos días en la prensa se publicaron conjeturas relacionadas con la posibilidad de que en el tanque de gasolina de la nave aparecieran algunas “materias extrañas”; pero esto no fue científicamente comprobado.

También se hicieron indagaciones sobre la capacidad y edad de los pilotos de la nave, como del trabajo de supervisión de los mecánicos del avión.

Las pesquisas fueron dirigidas por una comisión nombrada por el Poder Ejecutivo y encabezada por el Procurador General de la Republica, doctor Anaiboní Guerrero Báez.

De lo que pasó la noche del domingo 15 de febrero, que provocó la caída del DC-9 de Dominicana de Aviación no hay nada concluyente.

Cada cierto tiempo circulan algunas versiones sustentadas en hipótesis que no se han podido demostrar, entre ellas las que apuntan al interés de relacionados con la dictadura de Trujillo en vengar la muerte del dictador dominicano.

Las conjeturas más socorridas hablan de la incapacidad de los pilotos cubanos que piloteaban el avión y de que estos no tenían experiencia en ese tipo de aviones DC-9.

Además, se habló de que el día del accidente los pilotos habían trabajado en exceso viajando a varios países antes de partir hacia Puerto Rico, por lo que estaban cansados.

Sin embargo, en la población corrió la versión, y así muchas personas todavía lo creen, de que no hubo tal accidente, sino un acto terrorista preparado por Rafael Leónidas Trujillo hijo (Ramfis).

Según estos con el propósito de poner fin a las vidas del General Antonio Imbert Barrera y Luis Amiama Tió, participantes en la muerte del dictador Trujillo el 30 de mayo de 1961. ///

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